Las cigüeñas casi no migran y muchas de las que se van vuelven

Estos días he leído inquietantes noticias respecto a los nuevos hábitos migratorios y alimenticios de las cigüeñas; al parecer lo que hace unos años era noticia en algunos parajes es ahora norma: las cigüeñas se han convertido en aves invernantes que soportan bien nuestro clima frío y se alimentan de lo que encuentran en las zonas húmedas y, en muchos casos, de los restos y desperdicios de los vertederos. He leído datos (nada menos que Francisco Purroy, ex presidente de SEO/Birdlife y catedrático de Zoología en la Universidad de León) que afirman que el motor de su migración es el alimento y no el clima, ya que su plumaje les permite soportar el frío.

En otros artículos se señala la entrada diaria desde África de centenares de cigüeñas fruto de la hambruna y la sequía de algunos países de ese continente; hace tan sólo unas semanas que migraron y ya están de vuelta. Parece que estas aves encuentran mejor alimento en nuestros vertederos que en los papupérrimos campos africanos.

No puedo evitar hacer un par de reflexiones al respecto;

-Por un lado, una vez más, vemos el inmenso poder del ser humano para modificar hábitos ancestrales de los seres vivos que nos rodean. Las cigüeñas han encontrado en nuestros desperdicios un recurso fácil que ha cambiado sus hábitos alimenticios y, en consecuencia, los migratorios. Si fuesemos capaces de que los cambios fuesen positivos vivir en la Tierra podría ser un placer.

-Por otro, este hecho no es más que un reflejo de una realidad que no queremos ver; el continente africano está sufriendo una auténtica crisis global desde hace décadas (una crísis económica, política, sanitaria, social… en definitiva una emergencia humanitaria de dimensiones inmensas) ante la mirada del resto del planeta. Los animales mucho más libres que las personas huyen del hambre y la sed y se refugian donde pueden satisfacerlas aunque sea a costa de los desperdicios de otros. Las personas lo intentan y lo hacen a su manera (inmigración ilegal, pateras…).

En Europa nos dedicamos a impedirlo (o, al menos, a intentarlo), levantando vallas cada vez más altas ( a veces físicas y a veces legales) y no queremos darnos cuenta que la sangría humana que sufre África sólo puede evitarse dotando a esos países de recursos para que las madres y las aves puedan criar allí a sus “polluelos”.

Para conocer algo más sobre las nuevas costumbres de las cigüeñas pulsa aquí (20 minutos) o aquí (Agencia EFE).

Imágenes tomadas de: http://www.durangon.com/?p=34 y http://blogs.europapress.es/social/archive/2007/08/01/la-inmigracion-ilegal-un-drama-que-no-cesa.aspx

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