Descubrimiento en la constelación de Orión

Corresponsal: Margarita Val  1º Bach. C.

La constelación de Orión ha sorprendido a expertos. Pocos habían oído hablar de la nebulosa NGC 1788 hasta hace poco. Se trata de una nebulosa opuesta, compuesta de polvo y gases que dispersan la luz de un pequeño grupo de estrellas.

Aunque en un principio pudiera parecer una niebla aislada, un estudio más exhaustivo ha  revelado que algunos de los enormes y brillantes astros pertenecientes a las grandes agrupaciones estelares de Orión han tenido un papel importante en la formación de la NGC 1788, y han estimulado el nacimiento de los cuerpos celestes que la forman.

También son responsables, con la expulsión de hidrógeno en las zonas de la nebulosa más cercanas a la constelación, del característico anillo rojo que la envuelve, de forma casi vertical.

Tras un análisis detallado, los astrónomos han descubierto que esas estrellas pertenecen a tres clases muy diferentes, que determinan su situación. De esta manera, las más antiguas se sitúan en la parte izquierda del aro rojo y las más jóvenes en la derecha iluminando la nebulosa. Las que todavía están naciendo, se sitúan ligeramente hacia la derecha.

Esta distribución sugiere que una ola de formación de astros, generados alrededor de los calientes y enormes que forman la constelación de Orión, se propagó a través de la nebulosa NGC 1788.

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