El chuletón de Contador y la comida nuestra de cada día

La detección de una minúscula cantidad de clembuterol en una muestra tomada al ciclista Alberto Contador en el pasado Tour de Francia y sus alusiones a una posible intoxicación alimentaria han disparado las alarmas en el mundo del deporte.

Una vez más el ciclismo (otras veces el atletismo) es puesto en entredicho mientras otros deportes de élite esquivan con habilidad el control antidopaje. En cualquier caso no es este el objeto de esta entrada.

Este caso nos acerca a los riesgos de nuestro sistema de alimentación en un mundo globalizado; los seres humanos estamos cada vez más alejados de los alimentos que consumimos y estos para llegar a nosotros deben seguir largos caminos de transporte, manipulación, distribución…

 Desde el año 1963 existe el denominado Codex Alimentarius que incluye normas de carácter general y específico sobre aspectos de seguridad alimentaria. Fue creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). En los últimos  años la legislación ha mejorado mucho respecto a la seguridad alimentaria (en el año 2000 la Comisión Europea publicó el “libro blanco de la seguridad alimentaria” ) y los controles parecen ser cada día más exhaustivos pero existen algunos indicios que nos inquietan, máxime cuando como consumidores no podemos hacer demasiadas cosas.  Aparece el concepto de trazabilidad (entendido como un sistema que permite a los productores, fabricantes y autoridades sanitarias seguir su pista desde su origen hasta que llega a manos del consumidor). Pero siempre existen resquicios en los procedimientos o gentes sin escrúpulos capaces de esquivar las legislaciones y las normas con la finalidad de engordar sus cuentas corrientes.

En nuestra memoria existen varios acontecimientos que no nos dejan demasiado tranquilos: la intoxicación por aceite de colza desnaturalizado (1981), el mal de las vacas locas (1996), habituales abusos de antibióticos en animales de granja, excesos de pesticidas en nuestros vegetales… los análisis y las pruebas de laboratorio detectan la mayoría de ellos pero, de vez en cuando, se escapan al control.

El caso de Contador es significativo; la cantidad detectada es casi inapreciable y, por tanto, (en principio) inocua pero muchos problemas son fruto de la bioacumulación (metales pesados, cancerígenos…) y si los consumimos durante muchos años tarde o temprano se manifestaran en nuestra salud.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar sólo nos queda confiar en las autoridades y sus sistemas de legislación, detección y control; en segundo lugar es recomendable el consumo de productos cercanos (los de la tierra de toda la vida) limitando en los posible el exceso de manipulación y transporte y en tercer lugar es recomendable el consumo de productos ecológicos como garantía de calidad y limpieza en la producción y distribución. 

Por último, os invito a disfrutar de la clarividencia de Forges que, como siempre, es capaz de decir en pocas palabras lo que todos estamos pensando.

Imagen tomada de: http://silvano-baztan.blogspot.com/2010/07/vacas-locas-vs-hombres-cuerdos.html

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