Mix energético entre Zaragoza y Pamplona: un ejemplo

Ayer sábado recorrí dos veces (ida y vuelta) los aproximadamente 180 kilómetros que existen entre Zaragoza y Pamplona. Viajé por carretera (autopista) cumpliendo, más o menos, los actuales límites de velocidad de 110 kilómetros por hora.

Al comenzar el viaje escuché un interesante debate en la radio sobre la situación de la energía nuclear tras el accidente de la central de Fukushima; recuerdo especialmente una frase que decía que la energía nuclear (quizás se debería haber dicho contaminación nuclear) es como un diamante: para siempre.

Ese debate y mi viaje en coche me hicieron reflexionar sobre la energía y comencé a fijarme an algunas cosas. Me fije , como suelo hacer, en el indicador de consumo de mi coche que marca el número de litros de gasóleo por cada cien kilómetros en cada instante de mi viaje. Recordé haber oído en estos días que reducir la velocidad no reduce el consumo. Puedo afirmar que en mi coche lo reduce (poco o mucho pero lo reduce).

A lo largo del viaje circulé junto a numerosas instalaciones de energía eólica (tanto en Aragón como en Navarra) y junto a inmensos huertos solares (en Navarra). Cientos de estructuras que aprovechan las numerosas horas de sol (que curiosamente no son más en Navarra que en Aragón) y viento propias de la zona. En algunos puntos los molinos eólicos parecen una auténtica barrera que se hace menos densa conforme uno se acerca a ella; en cualquier caso debemos estudiar y minimizar los daños sobre las aves (en algunos lugares se pintan de colores llamativos y el resultado parece efectivo).

Al llegar a Pamplona leo, en un periódico local, quejas ( e incluso posibles recursos de incostitucionalidad) por la reducción de ventajas económicas a los particulares que han invertido en la energía solar (térmica o fotovoltáica).

Navarra produjo en 2009 el 81,2% de sus necesidades energéticas mediante energías renovables (ver artículo). Parece que el dato se debe a un buen año de vientos, a una cierta reducción del consumo eléctrico por la crisis económica… pero es llamativo en cualquier caso.

En los alrededores del Ebro (ligeramente crecido) pueden verse abundantes invernaderos, bancales bajo plástico, frutales, viñedos…  y en otras zonas grandes extensiones de cultivos. Abundan las aves de diversos tipos e incluso se pueden ver conejos en las proximidades de la autopista. Se ven diversos tipos (desde vacas y ovejas a avestruces) de instalaciones ganaderas (incluso de ganado bravo, típico de esa zona).

Por supuesto hay problemas; cualquier actividad humana es contaminante y tiene efectos colaterales pero en toda esta zona parecen convivir de forma saludable las energías renovables, las no renovables, la naturaleza, la agricultura, la ganadería (ambas en estilos tradicionales e innovadores).

Quizás no sea un modelo extrapolable a gran escala pero cuantas más zonas lo desarrollen más independencia energética y más libertad de elección tendremos.

Y no debemos olvidar que un mucho es la suma de muchos pocos.

Imagen tomada de: http://www.scjpuente.edu.es/puente/localizacion

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