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‘Se busca plan para salvar la Tierra de un asteroide. Razón: la NASA’

Corresponsal: Hisham Bachouri
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Ya ha ocurrido y volverá a suceder. El impacto de un asteroide contra la Tierra es una amenaza real. Y para causar grandes daños no tendría que ser tan enorme como el que hace 65 millones de años aniquiló a los dinosaurios y al 75% de las especies que vivían entonces (se cree que medía unos 10 kilómetros).
Lo demostró el 15 de febrero de 2013 la roca de 17 metros que inesperadamente cayó en Chelyabinsk( Rusia), provocando un millar de heridos y daños materiales por valor de 40 millones de dólares. La diferencia es que ahora, podríamos ser capaces de localizar con antelación un asteroide peligroso e intentar desviar su trayectoria.

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“Nadie detectó, sin embargo, el objeto que iba a caer en Rusia.
Desafortunadamente, venía en la misma dirección que el Sol, que nos cegó, impidiendo que pudiera ser visto y detectado a tiempo”, explica el científico de la NASA Jason Kessler (Ohio, 1971.” Sus órbitas eran distintas”, asegura Kessler, director del Asteroid Grand Challenge. Se trata de un programa que la NASA creó en junio del año pasado y que está centrado en recabar ideas y la colaboración de científicos y profesionales de distintos ámbitos, aficionados a la astronomía, empresas, instituciones y ciudadanos de todo el mundo para aprovechar su talento y elaborar un plan que permita, en el futuro, hacer frente a un objeto rocoso peligroso.
Desarrollar las tecnologías que permitan cambiar la órbita de un asteroide que se dirija a nuestro planeta, asegura, es posible, pero se trata de una tarea compleja, cara y para la que hace falta mucho tiempo.
No hay ser catastrofistas ni de asustar a la población porque, según subraya Kessler, no hay en el punto de mira ningún asteroide que pudiera acabar con la civilización humana: «La pregunta que más me hacen es si la Tierra está en peligro. Y estoy muy contento de decir que no. Ninguna de las órbitas que siguen los grandes asteroides que hemos descubierto supone un riesgo para la Tierra en los próximos 100 años», sostiene.
Por otro lado, hay alrededor de un millón de rocas con un tamaño inferior a 30 metros, es decir, más grandes que la de Chelyabinsk (de 17 metros), que tampoco tienen localizadas: «Dependiendo de dónde cayeran, potencialmente podrían destruir una ciudad. De modo que parte de nuestro esfuerzo consiste en descubrir sus trayectorias para poder averiguar qué amenaza representan realmente”.
El riesgo de choque, no parece inminente pero tampoco está descartado: «Podría impactar un objeto, pero basándonos en los modelos y en la frecuencia con la que asteroides de distintos tamaños chocan contra la Tierra, es improbable que en nuestro tiempo de vida caiga un objeto lo suficientemente grande como para causar una gran destrucción». Kessler reconoce que las probabilidades y las estadísticas resultan conceptos complejos y difíciles de explicar a la población.
Por ejemplo, se estima que un asteroide del tamaño del que acabó con los dinosaurios (10 km.), cae cada 100 millones de años. «Si nos vamos a una escala más pequeña (asteroides de 20 metros, similares al de Chelyabinsk), la probabilidad es que impacte uno contra la Tierra cada 100 años».

Fuentes: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/12/14/548c92d6ca47415b748b458a.html

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Chagas, el mal desconocido y mortal

Corresponsal :Alba Guillén

Por diferentes razones, el Trypanosoma cruzi, un parásito mortal descubierto hace más de un siglo y que afecta a millones de personas, apenas ha llamado la atención mundial
A diferencia de la malaria o el dengue, el mal de Chagas es una enfermedad poco conocida. Sin embargo, se trata de una enfermedad mortal y es, además, una de las principales causas que impide el desarrollo rural y económico de amplias zonas rurales en Latinoamérica. El Chagas es una enfermedad lenta y silenciosa. Lenta, porque el parásito puede estar años antes de que la persona infectada note los primeros síntomas. Silenciosa, porque hasta hace muy poco el estigma de quien la padecía era sinónimo de pobreza y la respuesta a su enfermedad era el silencio.
Hace solo unos días, una revista satírica americana publicaba que la vacuna contra el ébola está muy próxima y que solo hacen falta 50 infectados blancos más para desarrollarla. Más allá de la exageración, si aceptamos como válida la metáfora, podemos pensar que el Chagas puede estar también cerca de encontrar su camino de salida. Los movimientos de población han traído el parásito a nuestros sistemas de salud y el Chagas ha pasado a formar parte de la agenda cotidiana de salud pública de países como EE UU, Suiza o

España, donde hace solo una década las consecuencias se contemplaban desde la distancia, con la lógica de una preocupación remota. Además, la globalización ha permitido que economías emergentes donde la enfermedad ha estado siempre presente, como Brasil o Argentina, se impliquen con mayor esfuerzo en la búsqueda de nuevas soluciones y en la producción de medicamentos. Apartada hasta ahora de los sistemas de salud, la demanda de la Cobertura Universal debería ser la gran oportunidad para acabar con el silencio sobre las personas afectadas y, de paso, empezar a romper la barrera entre el silencio y el olvido que esconde todavía a la mayoría de sus víctimas.

Fuentes:http://elpais.com/elpais/2014/12/11/planeta_futuro/1418329709_196082.html

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