La ciencia detrás de ser un vago

IMAGEN-16535491-2.pngCorresponsal: Marina Lázaro Oliver

“La ley del menor esfuerzo”. De esta frase han echado mano, durante mucho tiempo padres de familia y profesores para criticar a aquellas personas que no pueden sacar adelante cualquier tarea. No cumplir las labores a tiempo, nunca madrugar, pasar el tiempo durmiendo en lugar de hacer ejercicio, elegir siempre el ascensor antes que las escaleras… Son rasgos que habitualmente se atribuyen a las personas vagas o perezosas.

En 2008, un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Swansea (Reino Unido), demostró que la dificultad que tienen algunas personas para empezar el día, parece estar relacionada con la capacidad de algunos genes de modificar los niveles de ácido ribonucleico (ARN), el cual indica lo activa que es una persona.

Se sabe que existen genes relacionados con el sueño: REV-ERB y Per2. El primero tiene su máxima actividad entre las 4 y las 5 de la tarde, lo que hace a la persona esencialmente nocturna. La actividad del segundo, por el contrario, hacia las 4 de la mañana, así que se relaciona con personas madrugadoras y que no tienen dificultad para saltar de la cama.

Sarah Forbes-Robertson, una de las autoras del estudio, aseguró que cualquier alteración en estos genes puede disminuir o aumentar los niveles de movimiento, haciendo a la persona perezosa o hiperactiva.

Existen hasta 36 genes relacionados con la motivación para vencer la pereza y promover el movimiento y el ejercicio. Así se determinó tras analizar ratas que corrieron voluntariamente durante varios días en ruedas giratorias. Al final se encontró que había un grupo de roedores más activos que otros, lo que, según los investigadores se debe a las diferencias en los rasgos genéticos de los animales.

No obstante, a pesar de la tendencia moderna del ser humano a la pereza, algunos científicos no creen que esta holgazanería sea producto de la naturaleza. También dicen que existe un respuesta psicológica al estrés, a lo vertiginoso, a la competencia social, a las heridas emocionales y a los miedos. Esto podría generar un estímulo al no movimiento que se convierte en pereza. Es lo que algunos denominan el sídrome amotivacional.

Ahora bien, con tantos argumentos y evidencias científicas que respaldan a los parezosos, ¿hasta qué punto conviene ser flojo?

http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/ciencia-detras-de-ser-un-vago/16535384

Nota del administrador del blog: el contenido del artículo, la ortografía y la expresión son realizados libremente por los y las corresponsales y no son modificadas para su publicación

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